Mi regla de los contrarios para atravesar depresiones

Mel pasea por San Joaquín, Jerez, con ropa deportiva y gafas de sol

Esta no es una receta médica ni una promesa de curación. Es una regla personal que he ido construyendo con los años para atravesar los días en los que todo pesa: hacer, a una escala posible, lo contrario de lo que el bajón me empuja a hacer.

Mi experiencia no empieza en una frase bonita. Tengo 57 años; pasé por el psiquiátrico militar de Sevilla en 1997, por Salud Mental y por muchas vivencias propias. Por eso no escribo desde la teoría ni pretendo decirle a nadie cómo debe vivir. Cuento lo que a mí me ayuda cuando noto que el desánimo empieza a mandarme.

La regla: no discutir con el bajón, mover una pieza

Cuando estoy mal, mi cabeza suele pedir lo mismo: cama, silencio, persianas bajadas, no comer bien, no ducharme, no hablar con nadie y dejarlo todo para mañana.

Mi regla no consiste en hacer una hazaña. Consiste en elegir una pieza y empujarla un poco en la dirección contraria.

Si hoy solo puedo levantarme, me levanto. Si puedo ponerme las zapatillas, me las pongo. Si no me da para correr, camino.

La medida no es hacerlo perfecto; la medida es no entregarle todo el día al bajón.

Mis contrarios, uno por uno

De quedarme acostado a poner los pies en el suelo

El primer contrario es físico y pequeño: sentarme en la cama, poner los pies en el suelo, abrir la ventana y beber agua. No espero tener ganas. Muchas veces las ganas aparecen después de mover el cuerpo, no antes.

Del encierro a salir a la calle

Si el bajón me pide encerrarme, mi respuesta es salir aunque sea diez minutos. Una vuelta por San Joaquín o Monte Alto, mirar la calle, sentir el aire y ver que el mundo sigue ahí ya cambia el escenario.

No es una cura: es una forma de romper la inercia.

De no moverme a caminar o correr

Hay días para correr y días para caminar deprisa. Las dos cosas cuentan. Cuando tengo energía, corro; cuando no, hago la versión más pequeña.

Mi sistema para empezar a correr desde cero nació precisamente de esa idea: empezar con tres minutos y sumar poco a poco, sin exigir una transformación radical.

De descuidarme a un cuidado mínimo

Si no me apetece comer, preparo algo sencillo. Si no me apetece ducharme, me doy una ducha. Si me da igual cómo vaya vestido, me afeito, me arreglo y me pongo ropa limpia.

Son actos básicos, pero para mí dicen: “todavía estoy aquí y me sigo cuidando”.

Del silencio total a decirlo en voz alta

El bajón tiende a aislar. Mi contrario puede ser llamar a alguien, mandar un mensaje honesto o simplemente quedar para dar un paseo. No hace falta contar toda la vida; basta con no llevarlo completamente solo.

Mel habla por teléfono en un banco de San Joaquín con ropa deportiva y gafas de sol
Pedir apoyo puede ser el contrario posible al aislamiento.

De aplazarlo todo a resolver una sola cosa

Una llamada pendiente, recoger una mesa, responder un mensaje o hacer la compra. Elijo una tarea con principio y final. Cuando la termino, no se arregla todo, pero recupero un poco de mando sobre mi día.

La regla no es hacer lo contrario a lo grande

“Haz lo contrario” no significa obligarme a salir de fiesta cuando no puedo ni hablar. Significa buscar el contrario viable. Si no puedo correr, camino. Si no puedo hablar mucho, mando un “hoy no estoy bien”.

Si no puedo preparar una comida completa, como algo básico. La regla tiene que ayudar, no convertirse en otro motivo para machacarme.

En otro artículo ya resumí esta idea como actuar antes de tener ganas. Aquí quería dejar el porqué y los pasos concretos que me sirven a mí.

Mi plan corto para un día difícil

  • Pies en el suelo, agua y ventana abierta.
  • Ducha y ropa limpia.
  • Algo sencillo de comer.
  • Diez minutos fuera de casa: caminar ya vale.
  • Un mensaje o una llamada a alguien de confianza.
  • Una tarea pequeña terminada.

Si consigo dos de seis, ya tengo un comienzo. Si consigo las seis, estupendo. No convierto esta lista en un examen.

Cuándo mi regla no basta

Mi sistema personal no sustituye la ayuda profesional. Si el malestar se mantiene, vuelve con frecuencia, empeora o te impide vivir con normalidad, hablar con un profesional de salud es una decisión sensata. La depresión existe, puede ser grave y tiene tratamiento.

Si hay peligro inmediato, ideas de hacerte daño o de suicidio, llama al 112. En España también está la Línea 024 de atención a la conducta suicida; si estás en otro país, utiliza el servicio de emergencia local. Pedir ayuda no contradice esta regla: es una de las formas más importantes de hacer lo contrario al aislamiento.

Preguntas frecuentes

¿Esto sustituye a terapia o medicación?

No. Es una herramienta personal de activación para mí. La evaluación y el tratamiento los debe llevar un profesional sanitario.

¿Y si no puedo correr?

No pasa nada. Caminar, salir a la puerta, estirar un poco o moverte por casa puede ser tu versión posible. La clave es reducir el tamaño del paso, no abandonar por completo.

¿Por qué el cuidado personal forma parte del sistema?

Porque comer, ducharse, vestirse y descansar son cosas sencillas que devuelven estructura a un día desordenado. No solucionan todo, pero pueden abrir la puerta al siguiente paso.

Fuentes y ayuda fiable

Este artículo refleja mi experiencia personal. Si estás atravesando una depresión o un malestar intenso, busca apoyo profesional.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Melsystems.es
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.