La tormenta solar que incendió los telégrafos: qué pasaría si ocurriera hoy

Gran erupción solar observada por un telescopio espacial

El 1 de septiembre de 1859, el astrónomo británico Richard Carrington estaba dibujando un grupo de manchas solares cuando vio dos destellos blancos sobre la superficie del Sol.

No podía saberlo, pero acababa de observar la primera llamarada solar registrada de la historia. Unas horas después, el cielo nocturno se iluminó con auroras en lugares donde casi nadie las había visto y las redes telegráficas comenzaron a comportarse como si una corriente invisible hubiera entrado en sus cables.

Hubo chispas, descargas y pequeños incendios. Algunos operadores desconectaron las baterías y descubrieron algo desconcertante: el telégrafo podía seguir transmitiendo gracias a la electricidad inducida por la tormenta geomagnética.

Aquel episodio se conoce hoy como evento Carrington. Fue el encuentro entre una gran tormenta solar y la tecnología más importante de su época.

Ahora dependemos de redes eléctricas, satélites, GPS, radio, aviación, bancos e Internet. Por eso la pregunta resulta inevitable: ¿qué ocurriría si una tormenta semejante alcanzara la Tierra hoy?

La cuestión llega, además, en un momento especial. El 12 de agosto de 2026 España vivirá un eclipse solar extraordinario y desde Jerez de la Frontera veremos el Sol cubierto casi por completo. Eclipse y tormenta solar no son el mismo fenómeno ni uno provoca al otro, pero la proximidad del eclipse nos ofrece una ocasión perfecta para comprender mejor la estrella de la que depende nuestra vida y también nuestra tecnología.

Aurora vista desde el espacio durante una tormenta geomagnética
Aurora observada desde el espacio durante una tormenta geomagnética. Imagen: NASA.

El día en que el cielo pareció arder

Durante la noche del 1 al 2 de septiembre de 1859 aparecieron auroras de una intensidad excepcional. Se observaron mucho más al sur de las regiones polares habituales, incluso en zonas del Caribe.

Los relatos describen cielos rojos, verdes y violetas tan brillantes que algunas personas pudieron leer en plena noche. Otras creyeron que amanecía antes de tiempo o que había un gran incendio en el horizonte.

La belleza del espectáculo escondía una enorme alteración del campo magnético terrestre.

El telégrafo era entonces el equivalente más cercano a una red mundial de comunicaciones. Sus largos cables, extendidos entre ciudades y conectados a tierra, se convirtieron en conductores ideales para las corrientes eléctricas inducidas por la tormenta.

Operadores de distintos países informaron de mensajes alterados, aparatos que producían chispas, descargas eléctricas y papel telegráfico que llegó a prenderse. En determinados tramos, la corriente generada por el propio fenómeno fue suficiente para mantener las comunicaciones aunque se desconectaran las baterías.

El Sol había convertido parte de la red telegráfica en un circuito eléctrico.

Qué vio realmente Richard Carrington

Carrington no estaba mirando directamente al Sol. Proyectaba su imagen mediante un telescopio, una práctica segura que le permitía dibujar las manchas solares sobre una superficie.

Mientras trabajaba observó dos zonas intensamente brillantes. El fenómeno duró pocos minutos. Otro astrónomo británico, Richard Hodgson, lo observó de manera independiente.

En aquel momento todavía no existía una explicación completa. La relación entre la actividad solar y las alteraciones magnéticas de la Tierra apenas comenzaba a entenderse.

Hoy sabemos que las manchas solares son regiones de intensa actividad magnética y que alrededor de ellas pueden producirse grandes liberaciones de energía. Sin embargo, conviene distinguir tres conceptos que suelen mezclarse.

Llamarada, eyección y tormenta geomagnética no son lo mismo

La llamarada solar

Una llamarada solar es una liberación repentina de energía y radiación electromagnética en la atmósfera del Sol. Su luz y sus rayos X viajan a la velocidad de la luz, por lo que pueden llegar a la Tierra en unos ocho minutos.

Las llamaradas intensas pueden alterar la ionosfera y provocar apagones de radio de alta frecuencia en la cara iluminada del planeta.

La eyección de masa coronal

Una eyección de masa coronal, conocida por las siglas CME, es una gigantesca expulsión de plasma y campo magnético desde la corona solar. Puede lanzar miles de millones de toneladas de material al espacio.

No todas las llamaradas producen una CME dirigida hacia nosotros. Y no toda CME alcanza la Tierra. La dirección y la orientación de su campo magnético son decisivas.

Eyección de masa coronal lanzada por el Sol en julio de 2012
Eyección de masa coronal de julio de 2012. Imagen: NASA/GSFC.

La tormenta geomagnética

Si una eyección potente llega a la Tierra y su campo magnético se acopla de forma favorable con el terrestre, puede perturbar la magnetosfera. Esa reacción es la tormenta geomagnética.

La magnetosfera nos protege, pero no es una pared rígida. Se comprime, se agita y transfiere energía a la atmósfera superior. Así aparecen auroras a latitudes poco habituales y se generan corrientes eléctricas tanto en el espacio como en el suelo.

La secuencia puede resumirse así: el Sol libera energía, una nube magnetizada viaja por el espacio y la Tierra responde.

Por qué una tormenta solar puede producir electricidad en el suelo

Un campo magnético que cambia rápidamente puede inducir una corriente eléctrica en un conductor. Es el mismo principio físico básico que utilizan generadores y transformadores.

Durante una gran tormenta geomagnética, las variaciones del campo magnético crean campos eléctricos en la superficie terrestre. Las corrientes resultantes buscan caminos por donde circular.

Las líneas eléctricas de alta tensión, los oleoductos y otras infraestructuras largas conectadas al terreno pueden ofrecerles una ruta. Cuanto más extenso sea el conductor, mayor puede ser el efecto acumulado.

Esto explica por qué los telégrafos de 1859 fueron tan vulnerables y por qué hoy preocupan especialmente las redes de transporte eléctrico y sus grandes transformadores.

No se trata de un rayo solar que golpea un enchufe. Es una inducción eléctrica distribuida sobre enormes distancias.

¿Se apagaría toda la red eléctrica?

Una tormenta del nivel Carrington podría causar problemas graves, pero afirmar que dejaría sin electricidad a todo el planeta durante meses es simplificar demasiado.

El impacto dependería de la intensidad de la tormenta, su duración, la orientación magnética, la latitud, la geología del terreno, el diseño de cada red y las medidas preventivas adoptadas por sus operadores.

Las corrientes geomagnéticamente inducidas pueden saturar transformadores, producir calentamiento, alterar tensiones y activar protecciones. En el peor caso podrían dañarse equipos de alta tensión cuya sustitución no es inmediata.

Pero las redes modernas también se vigilan. Los centros de predicción espacial emiten alertas y los operadores pueden reducir cargas, modificar flujos, desconectar temporalmente componentes o aplazar tareas de mantenimiento.

Tenemos una prueba de que el peligro no es imaginario. En marzo de 1989, una tormenta geomagnética provocó el colapso de la red de Hydro-Québec en unos noventa segundos y dejó a millones de personas sin suministro durante alrededor de nueve horas.

También sabemos que una gran tormenta puede pasar sin alcanzarnos. En julio de 2012, una eyección comparable a los episodios más extremos cruzó la órbita terrestre, pero la Tierra no se encontraba en ese punto. Fue una auténtica advertencia que pasó de largo.

Qué ocurriría con los satélites, el GPS y las comunicaciones

Los satélites se encuentran fuera de la protección principal de la atmósfera. Las partículas energéticas pueden afectar a sus componentes electrónicos, introducir errores en memorias, degradar paneles solares y obligar a activar modos de seguridad.

Una tormenta intensa también calienta y expande las capas superiores de la atmósfera. Ese aumento de densidad produce más resistencia sobre los satélites de órbita baja, altera sus trayectorias y puede hacer que pierdan altura.

El GPS no suele desaparecer sin más, pero su precisión puede degradarse porque las señales deben atravesar una ionosfera perturbada. Esto importa en navegación aérea y marítima, agricultura de precisión, topografía, sincronización de redes y operaciones de emergencia.

Las comunicaciones por radio de alta frecuencia pueden sufrir apagones o interferencias, especialmente en rutas polares. La aviación puede verse obligada a cambiar trayectos para mantener comunicaciones fiables y reducir la exposición a radiación.

Internet, por su parte, no es un único aparato que pueda apagarse de golpe. Está formado por centros de datos, cables terrestres y submarinos, redes eléctricas, estaciones y satélites. El mayor riesgo para el usuario común sería una interrupción indirecta causada por fallos eléctricos o de comunicaciones, no que el Sol borrara mágicamente todos los datos.

¿Se estropearían el móvil, el coche y los electrodomésticos?

En condiciones normales, un teléfono guardado, un ordenador portátil o un electrodoméstico pequeño no son el objetivo principal de una tormenta geomagnética. Sus conductores son demasiado cortos para acumular corrientes comparables a las de una línea de alta tensión.

Esto diferencia una tormenta solar de la imagen popular de un pulso que quema simultáneamente todos los aparatos electrónicos.

Un móvil podría perder cobertura, GPS o acceso a Internet si las infraestructuras que sostienen esos servicios fallaran. Un coche moderno podría tener problemas por una interrupción general, falta de combustible, comunicaciones o navegación, pero no hay base para afirmar que todos los vehículos se detendrían al mismo tiempo.

La dependencia existe y es seria. Lo importante es describirla con precisión.

El eclipse del 12 de agosto de 2026: cercano, espectacular y distinto

A pocos días de publicar este artículo, España se prepara para el eclipse solar del miércoles 12 de agosto de 2026.

La franja de totalidad cruzará buena parte del norte de la Península. Allí la Luna ocultará por completo el disco solar durante un intervalo breve, poco antes de la puesta de Sol. En la mitad sur, incluido Jerez de la Frontera, el eclipse será parcial.

Corona solar visible durante un eclipse total de Sol
La corona solar durante un eclipse total. Imagen: NASA.

Un eclipse ocurre porque la Luna pasa entre la Tierra y el Sol y proyecta su sombra sobre una zona del planeta. No cambia la actividad magnética del Sol, no causa llamaradas y no aumenta el riesgo de una tormenta geomagnética.

La coincidencia temática sí es fascinante: durante la totalidad puede verse la corona solar, la atmósfera exterior desde la que se originan las eyecciones de masa coronal. Los eclipses ayudaron históricamente a estudiar esa región mucho antes de que existieran los observatorios espaciales.

Cómo se verá el eclipse desde Jerez de la Frontera

Según los cálculos oficiales del Instituto Geográfico Nacional, en Jerez de la Frontera el eclipse parcial comenzará a las 19:43:11 y alcanzará su máximo a las 20:38:47, hora peninsular.

La magnitud prevista será de 0,94. Esta cifra expresa la fracción del diámetro solar cubierta por la Luna y no debe confundirse directamente con un porcentaje de superficie.

En el máximo, el Sol estará muy bajo, a unos 7 grados sobre el horizonte, en dirección oeste-noroeste. La puesta de Sol será aproximadamente a las 21:19:16, cuando el eclipse todavía no habrá terminado geométricamente.

Mapa del eclipse solar del 12 de agosto de 2026 en España
Recorrido del eclipse solar del 12 de agosto de 2026. Fuente: Instituto Geográfico Nacional.

Para verlo bien necesitaremos un horizonte occidental despejado, sin edificios, árboles o elevaciones que oculten el Sol. Conviene elegir el lugar con antelación y no improvisar en una carretera o espacio peligroso.

Jerez no estará dentro de la franja de totalidad. Por tanto, en ningún momento será seguro mirar directamente al Sol sin protección homologada.

Cómo observar el eclipse sin dañar los ojos

Las gafas de sol normales no sirven, aunque sean muy oscuras. Tampoco son seguros los cristales ahumados, radiografías, discos compactos ni otros filtros caseros.

Hay que utilizar gafas de observación solar que cumplan la norma EN ISO 12312-2:2015 y, si se han adquirido en la Unión Europea, que incorporen el marcado CE y una identificación clara del fabricante.

Antes de usarlas debemos comprobar que no tengan arañazos, agujeros o desperfectos. Los niños deben estar supervisados.

Nunca se debe mirar el Sol con prismáticos, telescopio o cámara utilizando solo las gafas de eclipse. Estos instrumentos concentran la radiación y necesitan un filtro solar específico colocado delante de la óptica.

Otra opción segura es la observación indirecta mediante un pequeño proyector estenopeico. El Sol queda a nuestra espalda y su imagen se proyecta sobre una superficie. No se mira a través del agujero.

El eclipse será memorable, pero ninguna fotografía merece una lesión ocular permanente.

Qué preparación razonable tendría sentido ante una gran tormenta solar

No hace falta construir un refugio ni envolver el móvil en papel de aluminio. La preparación útil se parece a la que sirve para un apagón prolongado, una tormenta terrestre o una avería general.

  • Tener linternas y pilas en un lugar accesible.
  • Mantener cargadas una o dos baterías externas.
  • Disponer de una radio a pilas para recibir información si fallan los datos móviles.
  • Guardar una cantidad razonable de agua, alimentos que no necesiten cocción y la medicación habitual.
  • Conservar teléfonos importantes y algunos documentos básicos también fuera de la nube.
  • Saber cómo abrir manualmente una puerta de garaje o acceder al edificio sin sistemas eléctricos.
  • No saturar las líneas de emergencia ni difundir mensajes alarmistas sin fuente.

La población no tiene que predecir el fenómeno por su cuenta. Organismos como el Centro de Predicción del Clima Espacial de NOAA vigilan el Sol, clasifican las tormentas geomagnéticas desde G1 hasta G5 y emiten alertas a los sectores afectados.

Prepararse significa reducir la dependencia durante unas horas o unos días, no vivir esperando una catástrofe.

Qué cosas no debemos creer

Las tormentas solares generan titulares espectaculares y también muchos bulos. Estas afirmaciones necesitan una corrección:

  • «Un eclipse provoca tormentas solares». Falso. El eclipse es una alineación aparente entre la Luna, la Tierra y el Sol.
  • «Una llamarada siempre golpea la Tierra». Falso. Muchas erupciones no apuntan hacia nosotros y una llamarada no es lo mismo que una CME.
  • «Todos los móviles se quemarán». No es el riesgo principal. Las grandes infraestructuras y los servicios que dependen de ellas son más vulnerables.
  • «Los científicos no pueden avisar». La radiación de una llamarada llega casi sin margen, pero una CME tarda más y puede ser observada durante su viaje.
  • «Sabemos exactamente cuándo ocurrirá otro Carrington». No. Podemos vigilar el Sol y estimar riesgos, pero no fijar una fecha para un episodio extremo.

Una sociedad mucho más preparada y mucho más dependiente

En 1859 el telégrafo era una tecnología joven. Bastó una tormenta excepcional para demostrar que una actividad ocurrida a 150 millones de kilómetros podía entrar en la vida cotidiana.

Hoy somos más vulnerables porque casi todas las actividades dependen de electricidad y comunicaciones. Pero también estamos mejor preparados: observamos el Sol de forma continua, medimos el viento solar, emitimos pronósticos y conocemos los mecanismos físicos.

La paradoja es clara. Cuanto más entendemos el fenómeno, más tecnología hemos colocado en su camino.

El objetivo no debe ser temer al Sol, sino diseñar redes resistentes, mantener planes de emergencia y comunicar el riesgo sin exagerarlo.

Del telégrafo al eclipse de 2026

Richard Carrington observó durante unos minutos una luz que nadie sabía interpretar. Poco después, los telégrafos chisporrotearon y el cielo se llenó de colores.

El 12 de agosto de 2026 levantaremos de nuevo la vista hacia el Sol, esta vez protegidos por filtros seguros y acompañados por siglos de conocimiento. Desde Jerez no veremos la totalidad, pero sí un eclipse parcial extraordinariamente profundo al atardecer.

El eclipse no anunciará una tormenta. Nos recordará algo más sereno y más importante: la estrella que parece inmóvil sobre nosotros es un cuerpo activo, magnético y cambiante.

Una nueva tormenta del nivel Carrington podría causar daños muy serios. No sabemos cuándo ocurrirá ni cuál sería exactamente su alcance. Sí sabemos que el peligro real se encuentra en la combinación entre un fenómeno natural extremo y una sociedad que depende de sistemas interconectados.

En 1859, el Sol puso a prueba los cables del telégrafo. La próxima vez pondrá a prueba nuestra capacidad para anticiparnos, proteger las infraestructuras y mantener la calma.

Preguntas frecuentes sobre el evento Carrington y las tormentas solares

¿Cuándo ocurrió el evento Carrington?

La llamarada fue observada por Richard Carrington y Richard Hodgson el 1 de septiembre de 1859. La gran tormenta geomagnética y las auroras más intensas se produjeron durante las horas siguientes.

¿Una tormenta solar puede dejar sin Internet?

Puede causar interrupciones indirectas si afecta a la electricidad, satélites o comunicaciones, pero Internet es una red distribuida. No existe un único interruptor mundial y el impacto variaría entre regiones y servicios.

¿Un eclipse solar puede provocar una tormenta geomagnética?

No. Un eclipse se produce cuando la Luna oculta el Sol desde nuestra perspectiva. Las tormentas geomagnéticas se originan por actividad magnética solar y por la llegada de material solar a la Tierra.

¿El eclipse del 12 de agosto de 2026 será total en Jerez?

No. En Jerez de la Frontera será parcial, con magnitud 0,94. Por eso habrá que usar protección solar homologada durante toda la observación.

¿Cómo recibiríamos una alerta de tormenta solar?

Los centros oficiales de meteorología espacial publican avisos para redes eléctricas, aviación, satélites, navegación y público general. En España, las autoridades y los operadores trasladarían las instrucciones necesarias si existiera una amenaza relevante.

Fuentes consultadas

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