Melsystems.es

Ciencia e historia, creación web y marketing digital y sistemas prácticos que funcionan.

El Acueducto del Tempul: la obra que llevó el agua de la sierra a Jerez y cambió la ciudad

Presa y casa de toma del Acueducto del Tempul en la Sierra de las Cabras

En la mañana del 23 de junio de 1869, el Acueducto del Tempul estaba a punto de culminar y Jerez aguardaba el resultado de una obra perseguida durante siglos.

Diecisiete horas antes, a las cinco de la tarde, se habían abierto las compuertas del manantial de Tempul, en la sierra.

El agua debía recorrer alrededor de 45,6 kilómetros a través de una conducción nueva, superar valles, arroyos y desniveles, y llegar a la ciudad sin la ayuda de motores.

Las previsiones del ingeniero Ángel Mayo se cumplieron con una precisión extraordinaria. A las nueve y cincuenta minutos de aquella mañana, el agua entró en los depósitos.

Jerez, una de las ciudades más prósperas de España gracias al comercio del vino, acababa de resolver un problema que la había perseguido durante siglos.

El Acueducto del Tempul no fue solamente una tubería muy larga. Fue un sistema completo de captación, transporte, almacenamiento y distribución que transformó la salud pública, la vida doméstica y el crecimiento urbano de Jerez.

También fue una de las grandes obras españolas de ingeniería hidráulica del siglo XIX.

Jerez: una ciudad rica, pero sedienta

A mediados del siglo XIX, Jerez de la Frontera vivía un periodo de gran expansión. Su industria vinatera generaba riqueza y la ciudad incorporaba novedades como el ferrocarril y el alumbrado de gas.

Sin embargo, sus aproximadamente 45.000 habitantes seguían sin disponer de un abastecimiento estable de agua potable.

El contraste era tan llamativo que se decía que en Jerez resultaba más fácil conseguir un vaso de vino que uno de agua.

La población dependía de pozos, aljibes, pequeños manantiales y unas pocas fuentes públicas. Los aguadores recogían el agua, la transportaban en barriles con ayuda de animales y la vendían por las calles o de casa en casa.

La lluvia almacenada en los aljibes particulares también era fundamental, pero su cantidad y calidad resultaban muy variables.

Según los cálculos recogidos por el ingeniero Ángel Mayo, ocho fuentes reunían apenas 216 metros cúbicos cada 24 horas. Repartidos entre 45.000 habitantes, eran unos 4,8 litros por persona y día.

La cifra quedaba muy lejos de los 150 litros diarios por habitante que Mayo consideraba necesarios para el consumo, la higiene, los servicios y la actividad económica de una ciudad moderna.

La escasez no era solo una incomodidad. Afectaba a la higiene, favorecía los problemas sanitarios, dificultaba el desarrollo de la industria y hacía casi imposible mantener árboles y jardines durante los meses secos.

Traer agua abundante y de buena calidad se había convertido en una aspiración colectiva.

Siglos buscando una solución

El Ayuntamiento de Jerez llevaba planteándose la traída de aguas desde al menos el siglo XVI.

Se sucedieron estudios y proyectos, pero todos chocaron con los mismos obstáculos: las distancias, el relieve, el coste y la falta de tecnología o financiación suficiente.

En el siglo XIX se analizaron numerosas fuentes de abastecimiento. Entre ellas figuraban los manantiales de Gibalbín, Mesas de Asta, San Andrés, La Piedad y Benamahoma, así como diferentes puntos de los ríos Guadalete y Majaceite.

Tomar el agua de un río ofrecía un caudal mayor, pero planteaba problemas importantes.

El líquido podía necesitar filtración, existían intereses agrícolas y molineros sobre los cauces y, en algunos lugares, habría sido necesario elevarlo mediante costosas máquinas de vapor.

La solución definitiva llegó cuando una iniciativa local reunió financiación, voluntad política y conocimiento técnico.

La Sociedad Anónima de Abastecimiento de Aguas Potables y Riego de Jerez, impulsada bajo la presidencia de Rafael Rivero de la Tixera, encargó al ingeniero Ángel Mayo de la Fuente que estudiara las alternativas.

Ángel Mayo, el ingeniero que fue a buscar el agua

Casa de Aguas del Acueducto del Tempul en fotografías históricas y actuales
Casa de Aguas del Tempul en imágenes históricas y actuales. Fuente: Ateneo de Jerez (2022).

Ángel Mayo comenzó sus trabajos de campo en agosto de 1861. Durante meses recorrió el territorio, midió caudales, examinó la calidad del agua, calculó desniveles y comparó el coste de las posibles conducciones.

La decisión final quedó reducida a tres opciones principales:

  • Tomar agua del Majaceite en la zona de la Angostura de Arcos.
  • Captarla del Guadalete cerca del puente de la Cartuja.
  • Aprovechar el manantial de Tempul, en la falda de la sierra de las Cabras.

Tempul no era la alternativa más cercana, pero reunía tres ventajas decisivas. Sus aguas eran de buena calidad, su cantidad se consideraba suficiente y el manantial se encontraba a una altura que permitía llevarlas hasta Jerez por gravedad. No harían falta motores para impulsar el agua durante el trayecto.

Hoy sabemos que el manantial es la principal descarga natural del acuífero carbonático de la Sierra de las Cabras. Brota a unos 120 metros sobre el nivel del mar y drena un sistema de calizas y dolomías fisuradas y karstificadas.

Un informe del Instituto Geológico y Minero de España calcula para el periodo 1862–1978 un caudal medio histórico de 283 litros por segundo, aunque con enormes variaciones entre años secos y húmedos.

Esa cifra describe el comportamiento medio del manantial, no el volumen que circulaba continuamente por la conducción.

El caudal efectivamente enviado a Jerez era menor y estaba condicionado por la capacidad del acueducto y por las necesidades de explotación. Distinguir ambos datos evita una confusión frecuente en los relatos sobre Tempul.

La elección también conectaba, de manera sorprendente, con la historia antigua del territorio. Casi dos mil años antes, los ingenieros romanos habían aprovechado el mismo entorno para abastecer a Gades, la actual Cádiz.

Dos acueductos distintos: el romano y el de Jerez

El nombre de Tempul puede provocar una confusión frecuente. El acueducto romano de Gades y la conducción construida para Jerez en el siglo XIX no son la misma obra.

El sistema romano transportaba agua desde el área de Tempul hasta Gades y, con unos 75 kilómetros según los estudios actuales, fue una de las conducciones más extensas de Hispania. Combinaba canales, galerías, minas y largos tramos a presión.

Con el paso de los siglos dejó de funcionar, aunque quedaron restos de su recorrido.

Ángel Mayo conocía ese antecedente, pero diseñó una infraestructura nueva con destino a Jerez.

En algunos puntos aprovechó el conocimiento del terreno y la lógica hidráulica que ya habían identificado los romanos, pero el trazado, los materiales y las soluciones técnicas pertenecían a su tiempo.

Por tanto, cuando hablamos de la llegada del agua de Tempul a Jerez en 1869, hablamos del acueducto moderno proyectado por Ángel Mayo, no de una simple restauración del romano.

Una obra de 45,6 kilómetros movida por la gravedad

Planos y fotografías históricas del Acueducto del Tempul y el sifón de La Florida
Planos y fotografías históricas del Acueducto del Tempul. Fuente: Ateneo de Jerez (2022).

El proyecto fue autorizado en junio de 1863 y las obras comenzaron en mayo de 1864. La memoria de Ángel Mayo cifra la conducción en torno a 45.600 metros desde el manantial hasta los depósitos de Jerez.

Algunos documentos municipales posteriores hablan de unos 46.500 metros; la diferencia puede responder al tramo o al criterio de medición empleado. Por eso resulta más riguroso describirla como una obra de aproximadamente 46 kilómetros.

No era una sucesión continua de arcos como la imagen popular de un acueducto romano. Gran parte del recorrido permanecía enterrada para proteger el agua y conservar la pendiente. El sistema combinaba:

Puente-acueducto del arroyo del Bollo en el trazado del Tempul
Puente-acueducto del arroyo del Bollo. Fuente: Ateneo de Jerez (2022).
  • Zanjas y conducciones cubiertas.
  • Galerías o minas excavadas en el terreno.
  • Puentes-acueducto para salvar arroyos y barrancos.
  • Sifones para cruzar depresiones del terreno.
  • Casetas de registro para inspeccionar y mantener la conducción.
  • Depósitos para recibir y distribuir el agua en la ciudad.

El proyecto se dividió en trece partes. La primera comprendía los manantiales y la captación; las ocho siguientes alternaban tramos de acueducto y sifones; la décima correspondía al depósito receptor, y las tres últimas se ocupaban de la distribución urbana.

En la construcción se utilizaron principalmente mampostería, ladrillo y tuberías metálicas en los tramos sometidos a presión.

La obra exigió abrir zanjas y minas, levantar puentes, fabricar conducciones, cimentar dentro de cauces y coordinar tajos distribuidos a lo largo de decenas de kilómetros. Todo ello se hizo en una época sin excavadoras ni maquinaria moderna.

El trazado dejó una arquitectura reconocible en la campiña: ventosas que permitían expulsar o admitir aire en las tuberías, casetas de entrada y salida de sifones, hitos de distancia, puentes y caminos de servicio.

Elementos como la mina de Cuquillos, los pasos de Fuente Imbro o el puente del arroyo del Bollo ayudan a leer sobre el terreno el recorrido del agua.

Cómo funcionan los sifones del Acueducto del Tempul

Para que el agua avanzara por gravedad, la conducción debía mantener una pendiente cuidadosamente calculada. Sin embargo, entre Tempul y Jerez había valles y cauces que hacían imposible conservar siempre un canal al mismo nivel.

En esos puntos se emplearon sifones invertidos. El agua descendía por una tubería hasta el fondo del valle y ascendía por el lado opuesto gracias a la presión generada por la diferencia de altura entre la entrada y la salida.

No hacía falta ninguna bomba: la propia columna de agua proporcionaba la energía.

Esta solución permitía salvar grandes desniveles sin construir puentes de altura desmesurada. Exigía, a cambio, tuberías resistentes, juntas seguras y cálculos precisos.

El conjunto alternaba las conducciones de pendiente suave con estos pasos a presión según lo exigía el terreno.

Uno de los más importantes era el sifón de la Pasada del Rayo, un largo tramo a presión que cruzaba la depresión del Guadalete y reaparecía en la zona de Cuartillos.

No debe imaginarse como una pieza aislada, sino como parte de una cadena hidráulica: canal en lámina libre, cámara de entrada, tubería a presión, cámara de salida y nuevo tramo de canal.

Cada metro de altura perdido importaba, porque el sistema necesitaba conservar energía suficiente para alcanzar el depósito del Calvario.

Un recorrido escrito en el paisaje

Ventosa de la mina de Cuquillos en el recorrido del Acueducto del Tempul
Mina y ventosa de Cuquillos. Fuente: Ateneo de Jerez (2022).

Desde la captación, la conducción atravesaba la Sierra de las Cabras y avanzaba hacia la campiña. En algunos sectores seguía una cota suave mediante zanja o galería; en otros salvaba arroyos con pequeños puentes-acueducto. Al llegar a las grandes vaguadas recurría a sifones.

El itinerario pasaba por lugares como Cuquillos, la Boca de la Foz, Fuente Imbro, el arroyo del Bollo, la Pasada del Rayo, los Llanos de Malabrigo, La Barca de la Florida y Cuartillos.

Después se aproximaba a Jerez por el entorno de Lomopardo, Estella del Marqués, la Teja y la Canaleja, hasta alcanzar los depósitos del Calvario.

Fuente Imbro, casetas y galería del Acueducto del Tempul
Fuente Imbro: casetas, galería y elementos del trazado. Fuente: Ateneo de Jerez (2022).

No todos esos elementos pertenecen a una misma técnica ni se conservan igual. Unos son galerías subterráneas; otros, casetas de registro o respiraderos; otros, puentes que sostenían canales o tuberías.

Juntos forman un corredor de patrimonio industrial de casi medio centenar de kilómetros.

El depósito del Calvario y la entrada en la ciudad

Plano histórico de los depósitos del Acueducto del Tempul en Jerez
Plano de los depósitos de Tempul y edificio conmemorativo de la traída de aguas. Fuente: Ateneo de Jerez (2022).

La conducción terminaba en las viñas de Picadueña, junto a la ermita del Calvario, en el espacio que hoy ocupa el Zoobotánico de Jerez.

Allí se construyó el gran depósito de recepción, dividido en dos compartimentos y con una capacidad total catalogada de 21.100 metros cúbicos.

Su emplazamiento era estratégico. Al estar por encima de los edificios de la ciudad, permitía repartir el agua nuevamente por gravedad. Desde el depósito, la red podía alimentar fuentes públicas, instalaciones y acometidas particulares.

Un documento urbanístico municipal explica que desde el depósito partía una tubería principal por la actual calle Taxdirt hasta la plaza de Santiago. Allí se dividía en tres líneas que comenzaban por Francos, Ancha y Merced. También se construyeron nueve fuentes de abasto público.

En 1877 ya se habían canalizado más de 260 calles. Eso no significa que todas las familias dispusieran inmediatamente de agua corriente: las conexiones domésticas tenían un coste que muchos trabajadores no podían asumir.

Las fuentes públicas siguieron siendo esenciales. Aun así, la infraestructura cambió para siempre la capacidad de abastecimiento de Jerez y creó la base sobre la que se extendería el servicio.

Galerías de ladrillo en el interior de los depósitos del Tempul en Jerez
Interior de los depósitos del Tempul. Fuente: Ateneo de Jerez (2022).

Las diecisiete horas que cambiaron Jerez

El momento decisivo llegó el 22 de junio de 1869. A las cinco de la tarde se abrieron las compuertas en Tempul. El agua inició su recorrido por galerías, conducciones, puentes y sifones.

Ángel Mayo había calculado cuánto tardaría en alcanzar Jerez. A las 9:50 de la mañana del día 23, después de unas diecisiete horas de viaje, el agua entró en los depósitos del Calvario.

La precisión confirmó que tanto el trazado como la pendiente habían funcionado según lo previsto.

La inauguración oficial se celebró el 16 de julio de 1869. La fuente del Arenal, construida para la ocasión, lanzó sus primeros surtidores como símbolo público de la llegada del agua.

Hubo festejos, poemas, artículos de prensa y medallas conmemorativas. Muchos de aquellos textos se recopilaron en el llamado Álbum de las Aguas.

La ciudad reconoció a Ángel Mayo y terminó dando su nombre a una calle. No era una distinción menor: su proyecto había resuelto una necesidad que generaciones de jerezanos habían considerado casi imposible.

El puente de San Patricio: una innovación posterior

Puente-sifón de La Florida sobre el río Guadalete hacia 1910
Puente-sifón de La Florida hacia 1910. Foto: Antonio Palomo González; archivo de F. Lozano Romero. Fuente de reproducción: Ateneo de Jerez (2022).

Otra confusión habitual consiste en atribuir todo el Acueducto del Tempul a Eduardo Torroja. El sistema original fue proyectado por Ángel Mayo y entró en servicio en 1869. Torroja intervino muchas décadas después en una obra concreta del trazado.

El paso original sobre el Guadalete, junto a La Barca de la Florida, era un puente metálico apoyado sobre pilas dentro del cauce. Ángel Mayo había advertido de la vulnerabilidad de aquellos apoyos ante una gran avenida.

La riada de 1917 confirmó el riesgo: el río arrastró el puente y dejó interrumpida la conducción. Se instaló una solución provisional para recuperar el servicio, pero durante años faltó una sustitución definitiva.

En 1925, Eduardo Torroja recibió el encargo de diseñar un nuevo paso. La obra, construida durante 1926 y terminada a comienzos de 1927, se ejecutó bajo la dirección de Francisco Ruiz Martínez.

Planos y obras del puente-acueducto de San Patricio diseñado por Eduardo Torroja
Planos y obras del puente-acueducto de San Patricio, diseñado por Eduardo Torroja. Fuente: Ateneo de Jerez (2022).

El primer planteamiento contemplaba catorce vanos de veinte metros, con varias pilas dentro del lecho. Los problemas de cimentación llevaron a Torroja a eliminar dos apoyos centrales y a abrir un vano principal de aproximadamente 57 metros.

Para sostenerlo dispuso cables de acero, los tensó con gatos hidráulicos y los protegió después con hormigón.

El resultado fue el puente-acueducto de San Patricio, una estructura de enorme interés en la historia del hormigón y una aplicación pionera de técnicas relacionadas con el pretensado en España.

La gran crecida de 1930 puso a prueba el diseño, que resistió. El propio Torroja explicó años después la obra en la revista científica Informes de la Construcción.

San Patricio no fue, por tanto, el origen del sistema, sino una extraordinaria mejora construida para asegurar su continuidad.

Mucho más que agua potable

La llegada de Tempul tuvo efectos que fueron más allá de abrir fuentes o llenar depósitos.

Mejoró la salud pública. Una disponibilidad mayor de agua facilitó la higiene personal, la limpieza urbana y el saneamiento, aunque la universalización del servicio fue progresiva.

Permitió crecer a la ciudad. El abastecimiento dejó de depender exclusivamente de recursos locales escasos e irregulares. Jerez podía aumentar su población y ampliar sus actividades económicas con una base más segura.

Modernizó la vida cotidiana. La red urbana fue acercando el agua a calles, negocios y viviendas. Lo que al principio era un servicio reservado en parte a quienes podían pagarlo acabó formando parte esencial de la ciudad moderna.

Creó patrimonio tecnológico. Minas, sifones, puentes, casetas y depósitos dibujaron una infraestructura de casi cincuenta kilómetros. Muchos de esos elementos permanecen en el paisaje rural y ayudan a explicar cómo la ingeniería transformó el territorio.

Cambió el espacio urbano. La red de distribución, las fuentes y los depósitos introdujeron una nueva relación entre el agua y la ciudad.

El suministro dejó de depender únicamente del lugar donde existía un pozo o un aljibe: podía planificarse mediante tuberías, presión, almacenamiento y acometidas.

Un patrimonio que también necesita agua: la de la memoria

Buena parte del Acueducto del Tempul discurre enterrada o por terrenos rurales, lejos de los recorridos habituales. Esa invisibilidad explica que muchos jerezanos conozcan el nombre de Tempul, pero no la dimensión real de la obra.

El depósito del Zoobotánico está protegido por el catálogo urbanístico municipal y otros elementos del trazado poseen un gran valor histórico y técnico.

El informe del IGME sobre el manantial ya señalaba el deterioro del edificio principal de la captación y recomendaba su rehabilitación si alguna vez se abría el espacio al público.

Distintos investigadores locales también han advertido del mal estado de puentes, casetas y caminos de servicio.

Conservarlos no significa mantener una simple tubería antigua: significa proteger el testimonio material de uno de los cambios más importantes de la historia contemporánea de Jerez.

Además, el recorrido reúne patrimonio histórico, ingeniería, geología y paisaje rural, una combinación con posibilidades educativas y culturales evidentes.

La traída de aguas demuestra que una ciudad no se transforma únicamente mediante grandes edificios o acontecimientos políticos. A veces, el cambio decisivo circula bajo tierra, dentro de una conducción que casi nadie ve.

¿Sigue abasteciendo Tempul a Jerez?

El acueducto del siglo XIX dejó de ser la única gran respuesta a las necesidades de una ciudad que siguió creciendo.

Desde mediados del siglo XX, el abastecimiento de la zona gaditana se amplió con nuevas presas, conducciones y sistemas de tratamiento, especialmente los vinculados al sistema de Los Hurones.

Sin embargo, Tempul no pertenece únicamente al pasado. El informe hidrogeológico del IGME recoge aprovechamientos del manantial para el abastecimiento urbano de Jerez y de San José del Valle.

La proporción concreta puede variar con la disponibilidad de agua y la gestión de cada periodo, por lo que no conviene convertir un porcentaje puntual en una cifra permanente.

Esta continuidad vuelve aún más valioso el conjunto. No estamos ante el recuerdo de una obra completamente muerta, sino ante el origen histórico de un sistema de abastecimiento que ha evolucionado durante más de siglo y medio.

El Acueducto del Tempul y la ciudad moderna

El Acueducto del Tempul reunió ciencia, financiación, trabajo humano y una planificación extraordinariamente precisa. Su agua recorrió 45,6 kilómetros utilizando la gravedad y llegó a Jerez exactamente cuando había calculado Ángel Mayo.

Desde aquel 23 de junio de 1869, Jerez comenzó a dejar atrás siglos de dependencia de pozos, aljibes y aguadores. El cambio no fue inmediato ni igual para todos, pero la ciudad ya contaba con el sistema que necesitaba para avanzar.

Más de siglo y medio después, el agua de Tempul continúa recordándonos algo muy cercano a la filosofía de MelSystems: los grandes resultados no aparecen por casualidad.

Detrás de ellos hay observación, conocimiento, decisiones acertadas y, sobre todo, un buen sistema.

También te puede interesar: La gasolina con plomo: cómo un invento tóxico contaminó todo el planeta.


Preguntas frecuentes

¿Cuándo llegó el agua de Tempul a Jerez?

El agua salió del manantial a las cinco de la tarde del 22 de junio de 1869 y alcanzó los depósitos del Calvario a las 9:50 del día 23. La inauguración oficial se celebró el 16 de julio de ese mismo año.

¿Quién construyó el Acueducto del Tempul?

El acueducto moderno que abasteció a Jerez fue proyectado y dirigido por el ingeniero Ángel Mayo de la Fuente. Las obras comenzaron en 1864 y el sistema entró en servicio en 1869.

¿Cuánto mide el Acueducto del Tempul?

La memoria de Ángel Mayo sitúa la conducción en torno a 45.600 metros. Algunos documentos municipales posteriores la redondean o la cifran en unos 46.500 metros. Puede describirse con seguridad como una obra de aproximadamente 46 kilómetros.

¿Funcionaba con bombas?

No en su recorrido principal. La altura del manantial permitía transportar el agua por gravedad. Los sifones invertidos ayudaban a salvar los valles y desniveles.

¿Es el mismo acueducto que construyeron los romanos?

No. El acueducto romano llevaba agua desde el entorno de Tempul hasta Gades, la actual Cádiz. La obra del siglo XIX fue una infraestructura nueva, diseñada por Ángel Mayo para abastecer a Jerez.

¿Qué relación tiene Eduardo Torroja con el acueducto?

Torroja diseñó en 1925 el puente-acueducto de San Patricio para reemplazar el paso dañado sobre el Guadalete. No fue el autor del sistema original de 1869.

¿De dónde procede el agua de Tempul?

El manantial es la principal descarga natural del acuífero de la Sierra de las Cabras, formado principalmente por calizas y dolomías jurásicas.

El agua infiltrada por la lluvia circula por las fracturas y cavidades de estas rocas hasta salir a unos 120 metros sobre el nivel del mar.

¿Sigue llegando agua de Tempul a Jerez?

Sí, el manantial ha seguido formando parte del abastecimiento, aunque hoy se integra en un sistema regional mucho más amplio y ya no cubre por sí solo las necesidades de la ciudad.


Fuentes consultadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *